🚶 Ruta urbana a pie

Ruta de San Juan de la Cruz en La Carolina

Recorrido por los lugares del patrón: reliquia en la parroquia, monumento de 1961, ermita, pozo de los frailes y fuente donde rezaba el místico.

1 h 30 min - 2 hDificultad fácilLineal

La Carolina se levantó sobre el convento carmelita de La Peñuela, donde vivió San Juan de la Cruz, hoy patrón de la ciudad. La Orden de los Carmelitas Descalzos propone este recorrido para seguir sus pasos.

Recorrido paso a paso

  1. Parroquia de la Inmaculada Concepción. Fue la iglesia del convento, levantada en 1578. En el altar se custodia una reliquia del santo, un fragmento de falange, en una urna del taller madrileño Meneses. Recuerda que solo abre en horario de culto.
  2. Plaza de la Iglesia. El Palacio del Intendente ocupa el solar del antiguo convento: imagina aquí el cenobio en el que vivió el místico.
  3. Plaza de las Delicias. El monumento de 1961 de Martín Merino muestra al santo arrodillado abrazando la cruz, junto a una liebre que alude a uno de sus milagros.
  4. Ermita de San Juan de la Cruz. Antiguo oratorio ampliado como ermita y capilla del primer cementerio. Su altar recoge en un cuadro de Sánchez Sola la leyenda de los frailes que lo vieron decir misa aquí el día de su muerte en Úbeda, el 14 de diciembre de 1591.
  5. Pozo de San Juan de la Cruz. Junto a la ermita, el pozo que abastecía a los frailes y regaba su huerta.
  6. Fuente de San Juan de la Cruz. A menos de un kilómetro al norte, por el camino del Puente de los Cinco Ojos, el lugar donde el santo se retiraba a rezar cada mañana. El acceso no está acondicionado: lleva calzado cómodo.

Consejos

  • Para ver el interior de la ermita, contacta con el párroco de La Carolina.
  • El 24 de noviembre es el mejor día para vivir la ruta: misa con veneración de la reliquia, rifa tradicional y procesión hasta la ermita.
  • Puedes prolongar el paseo hasta el Puente de los Cinco Ojos.

Un santo y un territorio

San Juan de la Cruz residió en el convento de La Peñuela y murió en Úbeda en 1591. Siglos después, la ciudad que nació sobre aquel convento lo adoptó como patrón, y su memoria se ha transmitido de generación en generación a través de estos lugares sencillos: un pozo, una fuente, una ermita.

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